
Por Ivonne Hernández A.
Las marcas de la vida lo motivaron a tatuarse, cada golpe, cada tropiezo, cada frustración , la lleva impresa en su piel. Tiene 26 años, hace 8 es tatuador profesional y destacado, 30 son los grabados que tiene en su cuerpo, todos vinculados a sus más íntimos pesares.
Tal vez lo más lógico habría sido que se tatuara por moda, o simplemente por gusto, pero no fue el caso de Francisco, él vio en ésta manifestación artística, una manera de expresarse.
Desde su complicada adolescencia, marcada por las drogas y el alcohol, es que Francisco comenzó a dejar huellas en su piel. Fue su manera de expresar su arrepentimiento y su rabia a la vez.
Hoy es un exitoso tatuador, dejando impresos sus dibujos en quienes, al igual que él buscan marcar emociones o etapas perdidas.
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